domingo, 27 de octubre de 2013

Nunca es fácil.

Obra de Darío Mijangos
          

   Guardó silencio. No lo esperaba tan pronto y ahora todo se le venía encima. Ella ya lo había hablado con su marido y habían mirado hacia otro lado, a la espera de que solo fuera un arrebato.

   —Es especial, tiene encanto y me quiere.

   —Es mucho mayor que tú, hijo. A tu padre no le va a gustar.

   No se atrevió a decir mucho más. Hubiera deseado que los problemas permanecieran dentro de los armarios y no salieran a la luz y se convirtieran en el foco de sus perfectas vidas.


   —Hace mucho que dejé de gustarle a mi padre…, y a ti.


   — ¡No digas eso! Estamos haciendo un esfuerzo enorme por entender y aceptar tus decisiones. Necesitamos tiempo.

   —Ni siquiera te atreves a decir lo que soy. En el fondo siempre he sabido que vuestra comprensión la dejabais para los hijos de otros.

   Miró a su madre con pena, se levantó y se dirigió a la puerta. La abrió y se volvió con la mano en el pomo, antes de traspasarla.


   —Solo quería invitaros a cenar para presentaros a mi pareja. Nada más. No quiero ni reproches, ni recriminaciones, ni consejos. Llamadme si aceptáis.

   Salió y cerró la puerta fijando los ojos en la placa que la adornaba: Dña. Paula Montemayor. Psicóloga.

   Fuera un par de muchachos esperaban ser atendidos. Les miró con envidia. "La próxima vez pediré una cita", dijo colocándose las gafas de sol y saliendo a la calle.