lunes, 15 de junio de 2015

Viaje accidentado.

Rajadell estación de tren - Ernest Descals

     El traqueteo de la locomotora  junto al cansancio acumulado por las largas noches de guardia en urgencias, había  sido suficiente para adormecerlo.
Percibió que alguien entraba en el vagón pero apenas pudo levantar un párpado, ya se encargaría de saludarlo su vecina de departamento, y siguió durmiendo plácidamente en los duros asientos de plástico, acostumbrado como estaba en el hospital  a descansar en los lugares más insólitos.
     Le despertó un rayo de sol que incidió sobre el cristal de la ventanilla y se posó en su rostro; fue un instante. Sin embargo,  la sensación de calor le avisó de que había llegado la hora de reaparecer en el mundo de los vivos.
     Entreabrió los ojos. Los párpados aún le pesaban y sonrió avergonzado a su compañera de viaje. «Es muy guapa y tiene la garganta abierta», pensó medio adormilado. Cuando  la idea caló, se despertó de sopetón y se levantó de un salto. De su regazo cayó un cuchillo manchado de sangre, al igual que sus manos y la  ropa.

martes, 2 de junio de 2015

La plaza del pueblo


La plaza domina todo el pueblo.  Cuadrada, se puede acceder por tres lados, el cuarto lo ocupa la encalada fachada del ayuntamiento con tres balcones que se abren hacia ella, donde ondean las banderas y cuelgan tapices en las fiestas.  Paso obligado hacia cualquier dirección, delante de ella  confluyen todas las calles.

A diario, es el lugar de reunión de los jubilados que se sientan al sol de la primavera para calentar sus cansadas y desgastadas articulaciones. También, contemplan el paso de vecinos y de algún forastero perdido que en coches de lujo cruzan el pueblo.