sábado, 3 de mayo de 2014

Ocupando mi lugar

Ternura - Obra de Oswaldo Guayasamin

Esa mañana estaba cansada. Una vez que su marido se fue al trabajo y  los chicos al colegio, se sentó a tomar un café. El día anterior había ido al médico a recoger unos análisis, pero ninguno de los miembros de la familia le había preguntado si se encontraba bien. A simple vista parecía no importarles. Sabía que eso no era cierto y no debía ser injusta con ellos, pero la dejadez en la que se habían instalado  empezaba a ser preocupante. Toda su vida giraba en torno a ellos y, desde hacía bastante tiempo,  cuando regresaban apenas le prestaban atención, cada cual dedicado a sus menesteres: el marido en el ordenador, el niño con la play y su hija con el móvil. Terminó el café,  dejó a un lado los negros pensamientos  y decidió meterse de lleno en la rutina diaria. Por la noche, a la hora de la cena, sacaría el tema sobre cómo se sentía  y exigiría algo de comprensión. Se levantó del taburete, dejó la taza en el lavavajillas y algo deprimida se encaminó hacia los dormitorios. Ya sabía lo iba a encontrar.