jueves, 24 de julio de 2014

La casa de Darwin


Ventana verde - obra de Pepa Santamaría

   Dejé el paraguas empapado en la entrada, no quería manchar el suelo. Me acerqué a la única ventana que había. La lluvia, que había arreciado, lanzaba las gotas a modo de dardos contra la fina lámina que me separaba del exterior. Me volví buscando alguna otra fuente de luz natural y la encontré en el techo en forma de claraboya. Aunque, la sustitución de los cristales por unos tableros de aglomerado daban al lugar un aspecto bastante lúgubre.

Con mirada crítica contemplé aquello que estaba a mi alcance, prácticamente todo. Debo decir que había estado en probadores de ropa que me daban la sensación de más amplitud que aquel apartamento.
Presté atención al rincón en el que me encontraba, al lado de la ventana. Las paredes, literalmente, lloraban. Entendía por qué. Yo estaba a punto de hacerlo. Las manchas de humedad habían dibujado formas abstractas sobre ellas, como si el fantasma de algún grafitero se hubiera entretenido en diseñarlas.

martes, 22 de julio de 2014

Duelo al sol



Duelo de Oneguin y Lenski - Illá Repin (1899)

El calor era sofocante y solo el sonido de los grillos interrumpía el silencio. Se miraron frente a frente, gotas de sudor surcaban sus rostros. A la distancia a la que encontraban resultaba muy difícil fallar.

—¡Repítelo si te atreves y estás muerto!— increpó uno.

—¡Eres un cobarde!

Tan solo unos segundos tardó en desenfundar su arma. Se oyó un clic cuando apretó el gatillo y el otro cayó fulminado al suelo. Con tranquilidad, sopló el cañón de su colt, lo metió en la cartuchera abrochada a su cintura y se colocó el sombrero.

—¡Niños, los bocadillos! –se oyó una voz al fondo.

—¡Mañana te mueres tú que nunca te toca! –dijo el muerto poniéndose en pie.




jueves, 17 de julio de 2014

Un final diferente para una reina

Juana la Loca recluida en Tordesillas con su hija la infanta CatalinaFrancisco Pradilla y Ortiz  

   Abrió los ojos despacio intentando dominar el sopor que la invadía y echó una mirada alrededor.

   Juana, archiduquesa de Austria y heredera del reino de Castilla, llevaba demasiado tiempo entre aquellas cuatro paredes de piedras húmedas y a pesar de que estaban forradas de hermosos tapices florentinos y de alfombras suntuosas, traídas desde Anatolia, no dejaba de ser una cárcel. Aquella casona de Tordesillas había sido el lugar elegido por su padre, Fernando el Católico, para su confinamiento hasta el final de su vida.

   Las ventanas estaban revestidas de celosía y al pasar la luz dibujaban pequeños círculos en el suelo hasta donde el sol conseguía colarse, que a mediodía llegaba hasta el mismo centro de la habitación. Juana había aprendido a conocer la hora observándolos. 

sábado, 12 de julio de 2014

Musas: Te recordaré

Heinrich Heine y la musa de la poesía - Obra de George Morau de Tours

—“El bosque se animó con los sonidos habituales que anunciaban el nuevo día. María se dirigió a la puerta dispuesta a…” —. Raúl levantó la vista del papel. —¿A dónde vas? —le preguntó extrañado.

—Ha llegado la hora —murmuró ella con tristeza.

Él sintió un escalofrío recorriéndole la espalda. ¿Acaso no era importante lo que compartían? ¿Cómo podía hacerle esto? Sin embargo el reproche no llegó a salir.

—Por favor quédate. Te necesito —suplicó.

—Puedes seguir sin mí —le aseguró ella antes de desaparecer.

—Te recordaré siempre —prometía él.

Con mano temblorosa, Raúl escribió: “comenzar su nueva vida. Fin.”

—Mi obra —dijo con orgullo, acariciando el montón de folios.

Había tardado cinco palabras en olvidarse de ella.



viernes, 11 de julio de 2014

Aquellos maravillosos veranos.



Una familia - Obra de Fernando Botero

   Realizó un último recorrido por la casa antes de marcharse. El frigorífico desenchufado y la puerta abierta. La bombona de butano cerrada. Verificó que había cortado el agua abriendo un grifo. Bajó el interruptor de la luz y cerró con dos vueltas de llave la puerta de entrada. Ya estaba todo listo, podían irse de vacaciones. Bajó las escaleras y se montó en el coche junto a su familia.

   —¿Has comprobado que estuviera todo apagado? —. Manuel afirmó con la cabeza —¿Y las ventanas? —Juana le miró esperando una respuesta.

   —¡Qué sí! Todo está en orden. Ahora vamos a ponernos en marcha a ver si no cogemos mucha caravana.

martes, 8 de julio de 2014

Recuerdos


        La habitación estaba casi a oscuras excepto el rincón donde una lámpara encendida colocada sobre un escritorio abría un círculo de luz. Aquella escasa claridad dejaba en penumbra el resto de la pieza y apenas se apreciaba su distribución. A pesar de tener un buen tamaño no había muchos muebles y daba la sensación de que para la inquilina, la decoración no era un tema importante.
   
El escritorio se apoyaba en la pared debajo de un ventanal; la persiana levantada permitía ver el declive de la tarde. A cada lado de la mesa, contra el muro, se apoyaban estanterías repleta de libros apilados sin ningún orden concreto. Los volúmenes, la mayoría de ellos adquiridos en tiendas de segunda o tercera mano, tenían el aspecto de haber sido leídos y releídos muchas veces. Casi todos padecían algún tipo de herida: tapas cuarteadas, trozos de celo sujetando los lomos, páginas sueltas que asomaban a medias o cantos deteriorados y doblados por el uso. Eran hermosos aún en su vejez y sus moradas de madera dispensaban una especie de lugar de reposo para aquellos tomos ya ajados. Se notaba que la propietaria de aquella biblioteca pasaba muchas horas en su compañía.

Sobre el escritorio,  la luz dejaba al descubierto un par de fotos enmarcadas. En una de ellas se veía una pareja de adolescentes delante de una puerta, sonreían a la cámara. La otra era el retrato solo del joven algo más mayor, unos veintitantos años, con el pelo un poco alborotado. En su mirada se apreciaba la alegría y las ganas de vivir de la juventud. En el centro de la mesa, un bolígrafo y unas hojas en blanco esperaban pacientes.

El rostro de una joven entro dentro del círculo iluminado. La melena larga sobre la cara apenas dejaba ver nada más que una nariz recta. Sujetó el bolígrafo y en aquel pliego comenzaron a aparecer letras, palabras, oraciones. Un torrente de sentimientos se abría paso en aquellas inmaculadas páginas. Escribía una carta.