Lágrimas a solas.
La vio entre el público: Coleta larga y morena que se movía cada vez que volvía la cabeza, mirando de un lado a otro de la carpa; sonrisa blanca y expresiva y ojos negros y grandes, hipnotizados por aquel lema que pregonaba el jefe de pista: el más difícil todavía. Fieros leones amansados por un domador, aún más fiero; los ases del vuelo, capaces de dobles y triples mortales en el aire, antes de aterrizar en los brazos del portador; malabaristas que conseguían girar toda una vajilla sobre finos palos y los payasos, una troupe de graciosos saltimbanquis que deleitaban con sus travesuras a los pequeños.